En mi experiencia como psicóloga, aprendí a reconocer características femeninas, universales y sanas.
El desconocimiento de nuestras particularidades y una necesidad personal llevan a muchas mujeres a buscar ayuda psicológica.
Como la mayoría, puede que sientas que no “encajás”, que sos inadecuada o que no tenés los recursos para sobrellevar la adolescencia, menopausia o maternidad y las relaciones con los otros.
Los problemas propios que plantean esos estados y situaciones inevitables te producen una enorme incomodidad. Como si la peor molestia de la existencia fueras vos misma.
Te resulta imposible hacer coincidir lo que deberías con tus sentimientos.
El malestar con el cuerpo se traduce en una batalla contra lo que tocó en suerte.
En los afectos, sentís una tensión permanente entre soledad y compañía, que pudre las relaciones entre parientes, colegas, amistades, novios, “huesitos”.
Si decidís llevar toda esta carga a una consulta psicológica, es probable que hayas intentado muchas “recetas” y explicaciones, entre ellas, acomodarte: convivir con la piedra en el zapato.
Pero, el problema es que resolviste esconderte. Convencida de que nadie podría entender. “Yo soy así y nadie tiene por qué saberlo.”
Esta terapia consiste en descubrir y experimentar en la realidad, cuánto de lo que conservás oculto es lo más verdadero y valioso que tenés.
Si algo de lo que dije te suena familiar. Te invito a suscribirte al boletín gratuito Mujer&Psicología.
En él encontrarás temas “prohibidos”, divertidos, sospechosos y de esos que, más de una vez, te quitaron el sueño.
|